La escucha de las emociones

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Solemos creer que las emociones son el problema. Que el miedo, el enojo, la culpa, etc., son los problemas que nos acosan. Y no es así. Se convierten en problemas cuando no sabemos como aprovechar la información que brindan, cuando nos enredamos en ellas y las convertimos en un problema más. Entonces sí, cada uno de estos estados agrega más sufrimiento a la experiencia que vivimos. Pero no es la emoción en sí lo que perturba sino el no haber aprendido aún cómo leer y aprovechar la información que trasmite.

Las emociones consideradas conflictivas por nuestra sociedad son, en realidad, valiosas señales que remiten a problemas latentes. Así, el miedo señala una desproporción entre una amenaza y los recursos con que se cuenta para resolverla; la ira es el resultado de un deseo frustrado por algún obstáculo, y el sentimiento de culpa indica que hemos transgredido alguna norma de nuestro código moral. Solo si aprendemos a interpretar correctamente la información que nos aportan estas emociones “negativas” podremos aprovecharlas para localizar los problemas subyacentes y empezar a actuar para solucionarlos.

 

 

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